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Apenas con 15 años de edad logró sobrepasar el
listón sobre los dos metros. Aquel espigado mulato nacido
el 13 de octubre de 1967 en el poblado de Limonar, a unos 20
kilómetros de Matanzas, había nacido para el salto
alto y esas facultades las descubrió el activista Carmelo
Benítez.
Su ascenso fue meteórico. De ello se encargaron su primer
entrenador José Godoy y posteriormente Guillermo de la
Torre.
Con 1,94 metros de talla y 81 kilogramos de peso hizo sus pininos
a los 13 años y solo llegó hasta 1,65 metros,
pero con diez centímetros menos de estatura.
Comenzó a asombrar en grande cuando a los 19 años
fijó el tope mundial juvenil en 2,36. Muchos lo consideraban
el saltador más estable y tenían razón,
porque durante su carrera brincó sobre 2,40 un total
de 22 ocasiones.
El primer récord mundial absoluto fue de 2,43 en Salamanca,
España (septiembre 8/1988)
Los 2,44 llegaron en San Juan, Puerto Rico, al año siguiente,
pero en 1993, de nuevo en Salamanca, llegó hasta los
2,45 metros, récord intocable hasta el momento.
También sentó cátedra en otras competiciones
de alto rango al conquistar medallas de oro en tres campeonatos
mundiales al aire libre y cuatro en citas planetarias bajo techo.
Atesora igualmente victorias en tres Juegos Panamericanos y
otros tres Juegos Centroamericanos y del Caribe. Además
Ganó todas los premios otorgados por la otrora Federación
in Internacional de Atletismo, olímpicos, siete mundiales
(cuatro bajo techo y tres al
libre), tres panamericanos e igual cifra de patrones para los
Juegos Centroamérica y del Caribe.
Tras ser injustamente sancionado a dos años sin competir
tras habérsele detectado supuestamente consumo de cocaína
durante un análisis antidoping que le realizaron en los
Juegos Panamericanos, en Winnipeg'99, la Federación Internacional
de Atletismo le condonó la sanción y con apenas
tres meses de entrenamiento se adjudicó la medalla de
plata en los Juegos Olímpicos en Sydney con salto de
2,29 metros en prueba ganada por el ruso Serguei Klujin (2,31).
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