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Su nombre se ha ganado un puesto en la historia del judo olímpico
y mundial. Muchos la han calificado como una "fiera"
sobre el tatami y no es para menos, porque esta mujer de 1,65
metros se las ha arreglado no solo para derrotar a sus más
encumbradas rivales en los 56 kilogramos, sino también
a serias lesiones.
Bronce en Barcelona'92, Oro en Atlanta'96 y plata en Sydney'00
son las principales cartas de presentación de esta mulata
dueña de unos ojos muy expresivos.
Tras su compromiso en la ciudad australiana esta jucoda cinta
negra, cuarto dan, quiso convertirse en madre y después
de un tiempo prudencial quiso retornar y lo logró tras
imponerse un riguroso plan de entrenamiento para adelgazar unos
cuantos kilogramos que le sobraban en su anatomía.
Una medalla de oro mundial, dos en Juegos Panamericanos y cuatro
títulos en los exigentes Juegos Mundiales Universitarios,
entre otros, respaldaban la decisión del retorno de esta
guantanamera nacida el 21 de septiembre de 1973.
Su nombre se paseó victorioso en las grandes plazas del
judo mundial. Los torneos Clase A convocados cada año
en Europa, Asia o África se han prestigiado al contar
con sus actuaciones, sobre todo en la década de los 90
del pasado siglo.
El profesor Ronaldo Veitía, formador de varias generaciones,
supo pulir aquel diamante en bruto que descubrió Roberto
Ortega, cuando la chica apenas había cumplido diez años.
La alumna no defraudó a sus profesores y logró,
poco a poco, meterse de lleno en la historia del deporte cubano
que la noninó tres veces como la mejor atleta femenina
del país, amén de merecer otras numerosas distinciones.
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