El 19 de noviembre de 1888, nació en el Castillo del
Morro quien a la vuelta de pocos años se convertiría
en un genio del ajedrez universal.
Más de un siglo de su llegada al mundo todavía
muchas de sus partidas devienen material de estudio para los
más avezados especialistas.
A los cuatro años de edad comenzó a mover las
piezas y sabía el valor de las mismas de tanto ver jugar
a Filiberto, su padre, quien era un amante del ajedrez.
Ocho años después aquel niño logro el campeonato
de Cuba tras derrotar en la partida final a Alfredo Corzo, experimentado
jugador de la capital.
Su nombre se expandió por el mundo, gracias a su presencia
exitosa en diversos torneos, sobre todo después de finalizar
la I Guerra Mundial.
Ya en 1921 discutió con éxito el campeonato mundial,
corona que mantuvo hasta 1927, cuando cayó derrotado
por el Dr. Enmanuel Lasker, quien jamás le concedió
la revancha al cubano, quizás a sabiendas de que no tenía
fuerzas para volver a derrotarlo.
Capablanca se convirtió en el primer jugador del mundo
en realizar una sesión de partidas simultáneas
frente a más de 100 oponentes. En esa oportunidad, en
Estados Unidos, gano 102, hizo tablas una y perdió otra.
Toda una hazaña.
Fue un caballero como ajedrecista y como hombre publico. Ejerció
como diplomático durante años, lapso donde mantuvo
una conducta intachable.
La muerte lo sorprendió el ocho de marzo de 1942 al sufrir
un severo infarto mientras presenciaba una partida en el Club
de Ajedrez de Nueva Cork.
A instancias del Comandante Ernesto Che Guevara, cada año
se realiza en Cuba un torneo en memoria del genial ajedrecista,
y al que han acudido figuras de alto nivel mundial, desde Tigran
Petrosian y Mijail Tal, hasta Miguel Najdorf y Robert Fisher.
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