Cuando en 1993 casi el 40 por ciento de su cuerpo recibió
quemaduras, debido a un accidente doméstico, muy pocos
pensaron que esta mulata nacida en la oriental ciudad de Palma
Soriano volvería a desandar por las pistas del mundo.
La ciencia cubana no escatimó esfuerzo; ella tampoco.
Las llamas laceraron su piel, pero no pudieron con su voluntad
de heroína. Esa hermosa entrega de amor la devolvió
al escenario y lo hizo por la puerta grante al concuistar medalla
de oro (1;56,11 durante el Campeonato Mundial'95 en Gotemburgo,
Suecia.
La historia volvería a repetirse en la siguiente cita
del planeta realizada dos años después en Grecia,
esta vez con tiempo de 1:57,14. Así de grandes son las
grandes. Ya le rondaba en la mente el adiós a las competiciones,
porque otra fuerza mayor se adueñaba de sus sentimientos:
ser madre.
Nacida el 26 de julio de 1961, fue captada en 1974 en su terruño,
localizado cerca de la ciudad de Santiago de Cuba. Su primera
competencia internacional sucedió el 13 de abril de 1985.
Cuando dijo adiós atesoraba con celo dos medallas olímpicas,
bronce en Barcelona'92 y plata en Atlanta'96.
En su palmarés aparecen también victorias en cinco
Grand Prix, en 800 metros: 1987 (1:58.80); 1989 (1:59.02) y
1991 (2:00.17); así como otras dos en 400: 1988 (50.27)
y 1990 (50.31).
Sus trofeos más preciados en la actualidad se nombran
Fidelia y Alberto Alejandro. Ella vive rodeada de sus seres
más queridos, pero sin abandonar las pistas, porque según
ha manifestado: "Correré de vez en cuando en alguna
que otra competencia entre veteranos para seguir demostrando
que me mantengo en forma."
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